miércoles, 2 de septiembre de 2009

Breve circunloquio de la rareza

¿Y qué efecto puede tener la soledad en alguien?

Usualmente tenemos la idea de que la soledad es lo que vuelve a las personas raras o diferentes, lo que no quiere decir que la única génesis de la rareza sea la soledad, sino que una de las consecuencias muy probables del estar solo constantemente, es la rareza. Tal vez lo sea, aunque para mí, a la rareza no la entiendo como una categorización peyorativa, tal vez tampoco positiva, sino una condición con sus ventajas y sus desventajas.
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Lo raro, lo entiendo como eso que está a la vez con lo peculiar y lo extravagante, con lo diferente, lo distintivo, la enfermedad, lo genial, la locura, lo brillante, lo extraño, lo exótico. Y es que de las rarezas, hay desde aquellas que son deseadas hasta a las que son indeseadas, las que son indiferentes y nadie les importa o las que simplemente llaman la atención y uno dice “que chido”. Es donde esta lo oculto que debe ser evitado y lo oculto que debe ser encontrado. También lo que deambula por el mundo como cualquier ráfaga y que uno encuentra a su paso ante cualquier momento de distracción.
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Entonces, ¿la soledad puede hacernos raros? Puede ser, después de todo en soledad las teorías y fantasías se mezclan en una sola cabeza; ya sin otros no hay parámetro de verdad, cualquier rumbo que tome la mente es ampliamente plausible. Ahí los garabatos ilegibles de nuestro pensamiento se hacen bolas y tienen que hacer un esfuerzo por ajustarse a una ortopedia llamada lógica, si es que quieren ser entendibles en lo cotidiano donde hay orden y la norma es regla. Y sí, en lo normal todo es común y todo es semejante. Tal vez de ahí que lo raro pueda atraer y repeler tanto a nuestros sentidos.

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